No te falles

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Murió mi tío Pancho, estuvo algún tiempo en tratamientos, con una enfermedad similar a la de mi papá y un par más no menos complicadas que el Parkinson. En su casa pase muchos fines de semana, era grande, tu abuelo y mis primos hacían una cancha de voleibol y jugaban tardes completas. Mientras mis hermanos y yo nos subíamos a alguno de los dos tractores que tenía. Yo siempre preferí el rojo, aunque era más viejo que el azul, jugábamos canicas o nos llenábamos de tierra de algún modo.  Al final del patio había un cerco, que dividía la propiedad de mi tío con la del vecino, con los años el cerco se fue alejando. Hasta que llego al lado del canal, después el cerco se convirtió en una pared de block, con un portón metálico blanco. Lo más importante de todo esto era que tus tíos y yo teníamos acceso al canal, ahí nos bañábamos de vez en cuando. Mi tío fue agricultor, podías notar el trabajo constante en sus manos y pies. Tu abuelo decía que mi tío era el más fuerte de todos sus hermanos, que usaba guayabo como gimnasio personal.

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Mi tío tuvo 7 hijos, 4 hombres y 3 mujeres todos ellos son mayores que yo, por lo menos 10 años. Mis primas nos cuidaron a tus tíos y a mi muchas veces, la diferencia de edad hizo que la convivencia fuera con los hijos menores de mi tío Pancho. A pesar de esta diferencia cualquiera puede notar el cariño que todos ellos tienen por tus abuelos y tus tíos.

Me enteré de su muerte justo antes de llevarlos al kínder, le dije a tu mamá lo que había pasado, a decir de ella, con cierta indiferencia. Una vez que los deje en el kínder, hable con tu abuela y ahí fue donde me golpearon los recuerdos. Iba manejando rumbo al trabajo y tuve que parar, no me sentía bien. Hablé con mis primos, no podía acompañarlos y eso me pesó. Visité a mi tía 2 días después del funeral, aún estaban algunos de mis primos en Navolato, no alcancé a verlos a todos.

Con la muerte de mi tío me golpeo una gran decepción que espero no te pase. En este punto tenemos ya 4 años viviendo fuera de Sinaloa y ha sido complejo visitar a tus abuelos. Así que lo que nos queda es hablar por teléfono. En cada una de estas llamadas preguntaba por él y por mi tía Irma. Siempre tuve la intención de visitarlos, de hacer un espacio para verlos, platicar y darles un abrazo. Desafortunadamente hijo, si no haces lo que dices que quieres hacer, te arrepientes, siempre. Me fallé, no cumplí, no lo visité y ahora nunca podré hacerlo.

Siempre he pensado que no debes de arrepentirte de nada, porque cada acción de tu vida te terminó llevando y transformando en lo que eres hoy. Esto que me pasó, es la excepción a la regla y aun cuando me hice la promesa de no volver a postergar el agradecimiento a todas las personas que me dieron cariño, me arrepiento de no poder abrazar a mi tío, más sabiendo el gusto que nos hubiera dado a ambos platicar unos minutos.

Prométete nunca fallarte, ni fallarle a tu familia, a tus amigos y a todos aquellos que te ayudaron a ser hoy lo que eres. Nunca dejes al tiempo las cosas verdaderamente importantes. La manera más fácil de diferenciar lo importante, son las consecuencias que vienen de no hacerlo. Cualquier cosa que tenga un efecto negativo inmediato en ti o en los que te rodean si no tomas acción, es realmente importante, más tratándose de nuestra familia.

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De salida, visité a mi tía Irma, platicamos un rato, me despedí con un abrazo y fui a casa de tus abuelos. Estuve un poco más, salude a tus tíos y también platicamos, me despedí y tome carretera, a mitad del camino me detuve. Hacía por lo menos 8 años no visitaba este lugar. Me recibió mi tío Librado como siempre nos recibía, sin camisa y con sus pantalones beige amarrados con un trozo de cuerda.

“¡Jesús Manuel, se secó tu ciruelo! Ya planté este otro, está muy chico todavía, pero ya tiene brotes”

No te preocupes tío, préstame el gancho, quiero cortar unas guayabas, luego regreso por ciruelas en cuanto tenga chance.

Marzo 2019

“So long, and thanks for all the fish”

N24°11.953″ W107°59.164″

Jesús Ruelas

 

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